sábado, 14 de enero de 2012

Lápiz, graffiti, escavadora: el triángulo de la formación docente.

La educación es un saber práctico. Tiene que servir para algo concreto, útil, inmediato. Tiene que satisfacer necesidades reconocibles en el plano individual y colectivo. Debe producir placer. El placer de construir la realidad con una medida humana, tangible. Poder hacer, poder cambiar, poder soñar, poder crear, poder vivir, poder cambiar la vida, poder ser dueños de ella. También poder exigir que nadie nos impida hacer, cambiar, soñar, crear, vivir o adueñarnos de nuestro destino.
Esto es un mínimo, no una utopía. Un mínimo irrenunciable. Quienes piensan que esto no es posible, o que la educación tiene la función de procurar que las personas se adapten a la sociedad, de transmitir viricamente valores, conocimientos, normas. Aquellos que dicen que la función de la educación es "integrarse en el mercado laboral", "preparar para el futuro", "formar en los valores democráticos", "transmitir el legado cultural" están usurpando el significado de educación. Alejándolo de las personas y acercándolo a los objetos. Las personas tienen piel, sentimientos, necesidades, deseos, proyectan sus emociones y son capaces de emocionar, de reflejarse en el otro. Frente a ello los mercado,las agencias de calificación, el pensamiento único, la brecha norte-sur, el hambre, la pobreza.
La educación es un saber práctico, ¿pero que podemos decir de la educación que sufren los docentes?. .... (más)

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