domingo, 19 de mayo de 2013

Raynair, Fortasec y Educación 7/24

El día 6 de mayo recibía un mensaje de Ana confirmándome de que salía publicado un extenso artículo en el que me posicionaba en la metodología de proyectos. 

Lo escribíamos con la excusa de mis vistas al Atlas con grupos de educadores y de un proyecto que titulamos en su día "Cambia la Mirada" y que pasó a formar parte de otro más extenso en el tiempo que terminamos llamando "El péndulo de Ifoulou".

Este mensaje lo leía en la T4 del aeropuerto de Barajas con un grupo de 29 educadores y educadoras que -con mochila en mano- volvían a trabajar en el terreno contenidos de mis asignaturas de Desarrollo Comunitario, Metodología de la Intervención Social y Didáctica de la Educación Infantil.

Cuando ví el mensaje no pude evitar la sonrisa: "Ana como siempre perfecta en la oportunidad". Desde entonces y hasta hace unos días mis clases cambiaron de escenario una vez más. El horario se extendió a lo largo de todo el día; la arquitectura del aula ganó en colores, olores y estímulos; y los materiales didácticos se ampliaron hasta lo inimaginable. Lo que si desapareció fué el libro de texto. Lo que se incoporó fue el Fortasec.

Pasados algunos días del reencuentro con el cemento madrileño tengo tiempo de releerlo y evaluarlo. ¿Merece la pena el esfuerzo que supone asumir este modelo metodológico?.

La respuesta nacía sola cuando la cabeza se me iba al siguiente viaje: convivir con comunidades nómadas en escuelas itinerantes, ampliar la convivencia de mis alumnos con familias amsigthz en tareas domésticas, establización de redes informales de intercambio entre alumnos de una y otra localidad, nuevas escuelas y localidades donde desarrollar actividades educativas ....


Enlazo aquí también el vídeo de Javier Moreno sobre el viaje del año pasado: http://www.youtube.com/watch?v=sro64pHG9hU




miércoles, 17 de abril de 2013

El extrañamiento como terapia educativa.

En mi personal historia del curso –ese periodo de tiempo que viaja de septiembre a junio-, estas fechas son días de maleta, cepillo de dientes y cámara de fotos.

 En torno al final del invierno y entrada la primavera es cuando se acumulan viajes y salidas con grupos de alumnos con la intención de aprender en el viaje, compartir experiencias, husmear otras realidades e incorporar todo eso al aprendizaje.

Alguna de ellas han ocupado post en este mismo Canal como el del péndulo de Ifoulou, el viaje a Málaga o InterActúa.

El asunto es que la semana pasada vivía una cadena de actividades 7/24 con varios grupos –entre ellas las Jornadas de Animadores Socioculturales InterActúa- y en poco más de un par de semanas viajaré con otro grupo a distintos lugares del Atlas.

Es una época de viajes en la que cada momento del día es una ocasión educativa y en la que las fronteras entre lo público y lo privado, lo formal e informal se rompen. Entre estos periodos vuelvo a las clases de cincuenta y cinco minutos, puertas, aulas y pupitres.

Como se puede imaginar el choque entre uno y otro contexto educativo es una verdadera bofetada. Así que este año he decidido aprovechar la ocasión para no obstinarme en hacerlos coherentes.
Ver la realidad de los centros con una mirada deshabituada. Desfamiliarizarme de la realidad –e invitar a que haga así por quienes la habitamos-. Poner de manifiesto cada elemento de la realidad de los centros como algo extraño a la naturaleza de la educación me parece una terapia muy saludable.

El extrañamiento no tiene porqué ser una terapia agresiva, más bien la actitud de mirar la realidad desde los ojos de quien no parte de supuestos irracionales. De cuestionar rutinas, hábitos y suspuestos erróneos y errados de la educación.
 
En esta capacidad de cuestionar la realidad y hacerla extraña, un maestro: el gran Gila.


miércoles, 3 de abril de 2013

Desalojos y realojos de la educación. InterActúa una vez más.

En la Comunidad de Madrid hay solo siete centros donde se puede obtener el título de técnico superior en animación sociocultural. Los siete son públicos. La escasez y la titularidad nos dan pistas del grado de compromiso que tiene la sociedad con aquellos profesionales que podrían estar trabajando para el bienestar, el cambio y el compromiso con las personas, la participación social, las relaciones humanas, el territorio.

Son aquellos pequeños detalles que se olvidan -por micro y humanos- en este macroescenario de supuestos irracionales.

Supuestos que sitúan el bienestar de las personas en el último escalón de los bienes a conservar
En esta sociedad que desaloja de las viviendas.
Desaloja de los tratamientos médicos.
Desaloja de la enseñanza.
Desaloja de la participación.

Y realoja en el ninguneo, en la irracional idea que el itinerario vital debe acomodarse a los mercados. Y por lo tanto los itinerarios formativos se acomodan a la competitividad y no a la solidaridad, el compromiso, la justicia social.

Mercados que necesitan restablecer la confianza, la seguridad.
Mercados necesitados de psicólogos y no economistas –por lo que parece-.

Pues en este contexto creo que está bien celebrar cada rincón que se abre a romper  supuestos errados en lo que importa en educación. En este caso en lo que respecta a formar educadores y educadoras para la deshumanizada sociedad que nos toca vivir.

La formación de educadores pasa por generar espacios de relación, de intercambio.
Espacios donde cuestionar los espacios y tiempos de la educación.
Espacios donde lo público y lo privado, lo curricular y extracurricular, lo formal y no formal son dicotomías absurdas.

Absurdas como lo son los supuestos erróneos y errados de la educación para la mejora de la competitividad.

En este contexto de defensa del absurdo -y desde hace unos años- comparto con mis alumnos de animación sociocultural y un puñado de compañeros y compañeras y sus alumnos y alumnas y gentes de asociaciones y proyectos frontera en la educación unos días de encuentro en el que siete centros públicos se encierran en unas jornadas apostando por otra forma de formar educadores.

Unas jornadas humildes, autogestionadas, organizadas gracias al tiempo y la vida regalada de cada participante y organizador. Un tiempo gratis de funcionarios que nada tienen que ganar en regalar ese tiempo de tardes y noche reuniéndose. Un tiempo que los educadores en formación emplean en compartir experiencias y relaciones resucitando un puñado de palabras malditas: participación, utopía, igualdad, bienestar, relación …

La web de InterActúa es modesta y abierta como la propuesta que no nace para crecer, solo para comprometerse firmemente con un determinado modelo de formación de profesionales de la educación.

Como dice aquel dicho africano:

“Para educar un niño hace falta toda una aldea”.

lunes, 4 de marzo de 2013

¿Las paredes laten?

Hace una semana cerraba maleta y -junto con un grupo de alumnos- emprendíamos viaje a Málaga en busca de experiencias de las que nutrirnos. Habíamos quedado con amigos de asociaciones, proyectos e iniciativas que nos interesaba conocer en primera persona. 

La bruja buena de este viaje era Esther Monleón, amiga y gestora cultural de la Diputación, que lleva años sabiendo apuntar la nariz a lo importante en el mundo artístico, sociocultural y educativo de esa ciudad. Un ejemplo de ello fueron las diez “Escuelas de Valores” que han marcado a varios cientos de docentes, educadores sociales y animadores socioculturales. Cada vez que me encuentro con alguno de los participantes de aquella experiencia exudan rabia e impotencia al saber que este año, a principios de julio, no podrán hacer la maleta –una vez más- camino de este espacio de libertad y formación.
 
Y es que hacer maleta es una de las cosas más educativas que hay. Porque supone crear la INTENCIÓN. O lo que es lo mismo: incorporarnos vitalmente en un proyecto educativo.
Esta semana visitábamos bastantes iniciativas que nos interesaban. Cada una de ellas merecería un post y quizá lo haga. Pero hoy toca hablar de algo que me impactó especialmente.

Esther nos lleva de la mano a un pequeño colegio de una pedanía de un pueblo cercano a la ciudad de Málaga: Benagalbón; pedanía de El Rincón de la Victoria -a poco más de 30 minutos del centro de Málaga-.Allí nos encontramos con un proyecto realmente impresionante que nos presenta Antonio Palomo, director del Centro.

El salón de actos se ha convertido en una sala de exposiciones que bajo la denominación “Robert Harvey” aloja en residencia proyectos de artistas contemporáneos que diseñan su obra e incorporan a grupos de alumnos y familias en su proyecto artístico.

El proyecto artístico taladra de parte a parte el centro educativo tatuando cada pared con cuadros, obras, esculturas, instalaciones. Productos artísticos que se incorporan después al comedor, a los pasillos, los jardines, aulas. Productos artísticos en los que han participado familias, alumnos, profesores, artistas.

Merece la pena visitar la web del centro y recorrer lo que han creado año a año . http://colegiodebenagalbon.com/la-sala-de-arte

Ver todo aquello me devolvía una vez más aquella pregunta que me asalta continuamente: ¿qué hace que haya centros que apuestan por innovar? ¿qué hace que haya equipos que deciden indagar por propuestas educativas de vanguardia mientras que otros se instalan en la añeja escuela-de-la-reproducción?

Intuyo que tiene que ver con algo sencillo. Quizá las gentes que apuestan por la innovación en sus prácticas educativas solo tienen un mérito: incorporar su vida a ese proyecto. Involucrarse vitalmente. Sentir que es necesario romper las fronteras del espacio y el tiempo en las escuelas. Y sobre todo incorporarse vitalmente en la construcción compartida de aprendizajes permanentes y útiles.

En el Colegio de Benagalbón los niños viven una veintena de proyectos artísticos a lo largo de su escolarización. Viven la relación directa del arte con los contenidos de aprendizaje. Viven el compromiso del centro con la innovación. Quizá innovar no es tan complicado; es tan solo dejar que las paredes latan y ser capaz de escuchar el latido que invita a vivir.

sábado, 16 de febrero de 2013

El vómito como libro de texto

Ayer estuve enfrentándome una vez más al maravilloso torbellino de las obras de Angélica Lidell. Fueron 100 minutos de un impacto esperado. Porque Angélica consigue convertirte en un lienzo sobre el que –como si fuera Pollock- escupe, vomita o acaricia con la realidad que choca contra su boca.
 
Lo que hace Angélica es devorar la realidad y tras digerirla la vomita cargada de emoción. Llevada a lo individual, al corazón. Así que al final se convierte en una historia de amor. O del intento fallido por amar. En sus palabras, “el mundo de la expresión” en sentido puro.

La primera vez que me enfrente con un trabajo suyo fue hace algunos años en la que fue una sala mítica del teatro alternativo madrileño: El Canto de la Cabra. En aquella ocasión El texto de Angélica estaba desnudo. Solo una voz grabada leía letánico “Mi relación con la comida”. Un texto en el que –entre otras muchas cosas- habla de educación. Su relación con la educación. Para mi fue un verdadero impacto. Desde entonces siempre que puedo me dejo escupir, vomitar o acariciar por esta autora

¿Y qué hago aquí hablando de Angélica Lidell?. Pues resulta que hay dos cosas que viendo  sus obras enlazan recurrentemente a como pienso la educación y que tienen que ver con las eternas preguntas; el Qué y el Cómo.

Qué.

El recurrente asunto de los contenidos y su relación con el aprendizaje. ¿sólo pueden incluirse en los currículum contenidos diseccionados, aburridos, despersonalizados y alejados de toda utilidad práctica para los estudiantes?. ¿Son los contenidos objetos con los que mercadear para comprar una nota? Superar una prueba que te permita seguir adquiriendo nuevos contenidos tan inservibles como los anteriores. A juzgar por la dirección que van tomando las políticas educativas, parece que si.

Lidell trata temas que deberían estar en todo proceso de aprendizaje: el poder, el hambre, el dinero, la relación, la identidad, el amor. Además lo hace incorporando estrategias de las que los docentes podríamos aprender. ¿Es posible hablar de la revolución comunista china a través del mito de Orfeo y Eurídice?; Angélica lo demostró ayer.

Cómo.

Los contenidos no los secuencia, ni los ordena por criterios lógicos y objetivos. No pretende transmitir. Hace que te enfrentes a ellos, que los vivas que los hagas tuyos, que reacciones y los pongas en relación contigo mismo y tu vida.

Estos son los ingredientes que andamos exigiendo a la educación desde hace tiempo. Un cambio de paradigma que tímidamente se va abriendo hueco desde los foros y desde las prácticas. Una metodología que pretenda generar experiencias educativas. Todo lo contrario al modelo que representa el libro de texto. Quizá va siendo hora de cambiar el libro de texto por el vómito.

No me resisto a terminar el post con una cita de la radical, la visceral, Angélica:

La vida cotidiana lava la sangre una y otra vez,
Pero el teatro no es cotidiano,
El lo opuesto a lo cotidiano,
(…)
en el teatro hay que rajar el vientre del mundo para que
supure todos los cadáveres,
ahí está la medicina,
en ese vientre atiborrado y en ese bisturí.
(…)
¡Si el Estado es la búsqueda del bien común
el arte es el verdadero Estado!

(Lidell, A. (2005): Mi relación con la comida. Madrid, SGAE. 58-59)

Fuente de la imagen: http://letrasheridas.files.wordpress.com/2008/10/rubens_orfeo_euridice.jpg

sábado, 19 de enero de 2013

Currículo móvil.

Hace unos días tuve una interesante discusión sobre el uso de móviles en las clases.

El contexto era una reunión de profesores y los protagonistas un grupo de alumnos de entre 18 y 30 años. En un momento de la reunión una profesora cuenta preocupada un suceso que le había ocurrido unas horas antes. Lo narra de la siguiente manera: Estaba en su clase viendo una película que hacía relación al tema del silencio y el sonido, cuando observa que una de las alumnas está distraída y con el móvil en la mano. Cuando se acerca a ella y la pide que se centre en la película, la alumna se muestra especialmente molesta. Se queja de que no debería llamarla la atención en público.

En la narración que hace la profesora, describe su perplejidad porque piensa que se lo había comentado de forma a su juicio discreta, sin embargo parece ser que la alumna no lo percibe así.

Lo más interesante del hecho viene a continuación. La profesora en cuestión cuenta que la alumna dijo que estaba segura que eso ya se sabía por el resto de alumnos y lo estaban en ese momento comentando por whatsap. Cuando la profesora levanta la vista observa como efectivamente muchos teléfonos lucen en la sala. Algo que es relativamente habitual y que en este caso la deja lo suficientemente preocupada como para compartirlo con el equipo.

El hecho es interesante ya que visibiliza la existencia de un potente currículo etéreo –currículo móvil, lo he querido titular- que es estable en todo el proceso educativo y del que –en este caso- el docente es ajeno. Me interesa especialmente aclarar que no se trata de un conjunto de pequeñas pinceladas, matices o variables que influyen de forma más o menos puntual en la construcción del currículo. Lo que tenemos delante es un abultado currículo que navega por los móviles y que no es currículo oculto –en la  medida que se hace visible para quienes acceden al él- y tampoco es explícito –ya que no ha sido incorporado de forma intencional a la propuesta didáctica por parte del docente-.

¿Cómo se posiciona el resto del equipo ante la narración de esta profesora?.

Las respuestas que tuve ocasión de escuchar ejemplifican algunas de las posiciones actuales del profesorado sobre el tema (los nombres son falsos):

Julia (la profesora protagonista): Estoy preocupada y no se qué medida voy a tomar. Quizá pedir que se dejen todos los móviles a la entrada en una caja.

Julián: Yo es que a veces no sé si me están atendiendo a mi o están hablando con el novio.

Lucía: Bueno hay muchas veces que viene muy bien. Yo a veces les digo que busquen información o una imagen y es automático. Aunque a veces no sé que hacen. Me dicen que están buscando información y no sé si es verdad.

Lucio: Un montón de veces les ves que comprueban cosas que explicas en los móviles. A mi me han corregido un montón de veces con nombres de autores, fechas o cosas por el estilo.

Paqui: Ya pero la verdad es que es algo que hay que reconocer que está ahí. No podemos cerrar los ojos a que hoy es imposible cerrar la puerta y dar clase.

Paco: Yo tengo un grupo de whatsap con ellos y la verdad es que me mola. Se mucho de ellos y ellos comparten, aunque a veces no se que hacer con todo eso.

Adolfo: Yo lo tengo claro. La consejería de educación ha prohibido el uso de móviles. Yo no lo permito por normativa y punto.

En este post-planteamiento –imposible por espacio hacer el nudo y desenlace-, al menos se pueden dibujar algunas líneas de discusión sobre el tema:

Como bien demuestra el suceso que explica Julia, la red estabiliza la construcción de un currículo que responde de forma autónoma a los clásicos qué, cuando, dónde cómo, etc. Es decir, construye potentes contenidos, modelos relacionales, espacios donde se desarrolla el currículo, cuestiona el concepto del espacio educativo y lo es muy importante en este caso: el del papel del docente y de la propia institución escolar.

Curiosamente los equipos de profesores siguen cuestionándose como integrar este fenómeno en el aula. Para ello pretende utilizar estas tecnologías como recursos didácticos. Gran error.

Cada vez más se van sumando las voces que intentan explicar que de lo que se trata es de cambiar la mentalidad. No se trata de integrar cacharros a nuestro modelo de enseñanza, sino pensar que papel debemos jugar en este nuevo escenario comunicativo.
 
Esto genera inseguridad -Julián dudaba si estaba siendo atendido por sus alumnos o no-, Lucía intentaba utilizarlos como herramienta pero sin perder el control –cosa que no podía asegurar-.

Lucio constataba algo que sabemos: no somos el referente como fuente de información. Las redes sociales e Internet hace mucho que ocuparon ese lugar.

Paqui se deja seducir por un nuevo espacio educativo. Un escenario ridículo en el que cerramos la puerta de la clase y en los bolsillos de los treinta alumnos tenemos abierta la red al mundo.

Paco se lanza a la red y descubre ese currículo móvil. Ahora queda ver como cuadra con el currículo explícito y también con su papel como docente.

Mientras esto sucede las consejerías de educación sacan normativas que prohíben el uso del móvil en las aulas. Adolfo y otros muchos como él están encantados. Menos mal que algo así no sucedió cuando Gutenberg sacó la cultura de los monasterios y la hizo accesible con un sencillo cacharro. ¿Os imagináis que la imprenta no pudiera usarse “por normativa”?.

Nos encontramos en un momento complicado en el que en vez de acompañar al profesorado en el duro proceso de reinventar la educación para que se convierta en un agente de cambio en este nuevo contexto global, asistimos a la puesta en escena de la contrarreforma educativa más irracional e indocumentada de las últimas décadas. En este contexto, no es de extrañar que cada vez haya más voces como la de Adolfo.

Fuente de la imagen: http://us.123rf.com/400wm/400/400/kapu/kapu0905/kapu090500555/4903372-telefono-antiguo.jpg

viernes, 14 de diciembre de 2012

El misterio de la educación: una terapia inesperada.

El título de este post es un guiño cómplice a una obra, de Marta de Gonzalo y Publio Pérez, de hace algunos años que –como tantas que viajan en las lindes de la educación- no se ha explorado como merecía. La obra se llama “La intención” y se puede aún descargar desde su página http://www.martaypublio.net y el vídeo-material asociado ser visto en “La Hamaca” http://www.hamacaonline.net/obra.php?mode=2.
Una parte de esta obra reproduce un fotomontaje que me ha servido en bastantes ocasiones para invitar a reflexionar sobre “la educación” con mis alumnxs. La imagen es una manipulación de la fachada del Ministerio de Educación en Madrid donde cortan, sin intentar disimularlo, la palabra “ministerio” erigiendo –a partir de ese momento- el Misterio de Educación. A veces sencillas acciones abren caminos didácticos con una potencia educativa inigualable.
Parece que asistimos a un momento de esperpento en el que cada día se escucha una razón más radical, añeja e indocumentada para justificar la brecha educativa más importante del último par de siglos.
No voy a entrar en este momento al trapo de la provocación. Una provocación que crece día a día con la vuelta a la formación profesional de la ley del 70 en la que alojar a los excluidos del camino fetén. La vuelta a un modelo de revalidas, de competición, de exclusión.
Todo esto en un mundo global en el que las competencias que demandan las empresas son la creatividad, la capacidad de cooperar, de innovar… ¿revalidas creativas?; me temo que no.
Cada nueva provocación, que levanta polvaredas de réplicas y contrarréplicas, me devuelve al Boudrillard del simulacro o al esperpento –que es más de la tierra-. Parece como si todo este afán por arrasar la educación, uniformizar contenidos, lenguas, resultados y pensamientos fuera un burdo escenario que intentara despistar otros temas más sangrientos: el hambre, el paro, la desesperación de quién pierde la casa, la ilusión, la sonrisa. O quizá canalizar la protesta contra una ley educativa que –en cualquier caso pudiera no llegar a promulgarse- evitando así que se oriente hacia lo que no parece que haya voluntad de evitar: el hambre, el paro, la desigualdad cada vez más terrible.
En cualquier caso dejo desmenuzar la contrarreforma educativa a compañerxs que también es este CanalDeEducación escriben a diario sobre ella con acierto y de quienes aprendo y con quienes comparto muchas de sus opiniones.
Mi intención en esta ocasión es describir como todo este ruido de fondo no deja de ser una ocasión educativa para trabajar el concepto de educación desde lo más cercano: la vivencia personal y el producto mediático que supone. Ambas son premisas sobre las que es posible edificar una reflexión mucho menos tóxica de la que habitualmente están presentes
Para ello –en mis clases de didáctica o de metodología- trabajamos el concepto de educación desde la creación y la historia personal de cada unx de lxs educadorxs en formación. Es estimulante escuchar lo ajustado de la denuncia, la demanda y la idea de lo que NO es la educación y lo que SI debería ser. Para ello trabajamos desde el arte, la historia personal, los deseos, lo sentimientos.
Un recurso que utilizo recurrentemente es la performance. Sin entrar a desmenuzar que elementos me parecen valiosos de este recurso como herramienta didáctica –que me llevaría más de lo que quiero para este post- si quiero compartir una acción que tuve la ocasión de vivir hace pocos días con un grupo de alumnxs trabajando el concepto de educación y en el marco de un taller sobre video-performance organizado por el departamento educativo del Museo 2 de Mayo. Al igual que la obra de Marta y Publio mis alumnxs desarrollaron una acción -como educadorxs en formación- que les compromete con la Educación-con-mayúsculas y elaboran toda una terapia para leer ruidos de fondo que no deben despistarnos de un trabajo en el que llevamos muchos años y en el que seguiremos navegando entre las andanadas mediáticas.