sábado, 16 de febrero de 2013

El vómito como libro de texto

Ayer estuve enfrentándome una vez más al maravilloso torbellino de las obras de Angélica Lidell. Fueron 100 minutos de un impacto esperado. Porque Angélica consigue convertirte en un lienzo sobre el que –como si fuera Pollock- escupe, vomita o acaricia con la realidad que choca contra su boca.
 
Lo que hace Angélica es devorar la realidad y tras digerirla la vomita cargada de emoción. Llevada a lo individual, al corazón. Así que al final se convierte en una historia de amor. O del intento fallido por amar. En sus palabras, “el mundo de la expresión” en sentido puro.

La primera vez que me enfrente con un trabajo suyo fue hace algunos años en la que fue una sala mítica del teatro alternativo madrileño: El Canto de la Cabra. En aquella ocasión El texto de Angélica estaba desnudo. Solo una voz grabada leía letánico “Mi relación con la comida”. Un texto en el que –entre otras muchas cosas- habla de educación. Su relación con la educación. Para mi fue un verdadero impacto. Desde entonces siempre que puedo me dejo escupir, vomitar o acariciar por esta autora

¿Y qué hago aquí hablando de Angélica Lidell?. Pues resulta que hay dos cosas que viendo  sus obras enlazan recurrentemente a como pienso la educación y que tienen que ver con las eternas preguntas; el Qué y el Cómo.

Qué.

El recurrente asunto de los contenidos y su relación con el aprendizaje. ¿sólo pueden incluirse en los currículum contenidos diseccionados, aburridos, despersonalizados y alejados de toda utilidad práctica para los estudiantes?. ¿Son los contenidos objetos con los que mercadear para comprar una nota? Superar una prueba que te permita seguir adquiriendo nuevos contenidos tan inservibles como los anteriores. A juzgar por la dirección que van tomando las políticas educativas, parece que si.

Lidell trata temas que deberían estar en todo proceso de aprendizaje: el poder, el hambre, el dinero, la relación, la identidad, el amor. Además lo hace incorporando estrategias de las que los docentes podríamos aprender. ¿Es posible hablar de la revolución comunista china a través del mito de Orfeo y Eurídice?; Angélica lo demostró ayer.

Cómo.

Los contenidos no los secuencia, ni los ordena por criterios lógicos y objetivos. No pretende transmitir. Hace que te enfrentes a ellos, que los vivas que los hagas tuyos, que reacciones y los pongas en relación contigo mismo y tu vida.

Estos son los ingredientes que andamos exigiendo a la educación desde hace tiempo. Un cambio de paradigma que tímidamente se va abriendo hueco desde los foros y desde las prácticas. Una metodología que pretenda generar experiencias educativas. Todo lo contrario al modelo que representa el libro de texto. Quizá va siendo hora de cambiar el libro de texto por el vómito.

No me resisto a terminar el post con una cita de la radical, la visceral, Angélica:

La vida cotidiana lava la sangre una y otra vez,
Pero el teatro no es cotidiano,
El lo opuesto a lo cotidiano,
(…)
en el teatro hay que rajar el vientre del mundo para que
supure todos los cadáveres,
ahí está la medicina,
en ese vientre atiborrado y en ese bisturí.
(…)
¡Si el Estado es la búsqueda del bien común
el arte es el verdadero Estado!

(Lidell, A. (2005): Mi relación con la comida. Madrid, SGAE. 58-59)

Fuente de la imagen: http://letrasheridas.files.wordpress.com/2008/10/rubens_orfeo_euridice.jpg

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